lunes, 18 de agosto de 2008

Españoles en ultramar

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a un misterioso fenómeno que ocurre indefectiblemente cada vez que viajo mas allá de los Pirineos. No, no se trata del por qué la gente hace cola en el embarque del avión si los asientos están numerados. Ni tampoco el fabuloso enigma de por donde viajan las maletas en la T4 de Barajas.

Y es que no importa lo lejos que vayas ni lo listo que te creas encontrando ese sitio magnifico, casi desierto, que no sale en los mapas convencionales, que has conseguido que algún paisano local te indique, donde no hay papeleras, ni maquinas de coca-cola y no hay carteles traducidos al ingles. Allí, creyéndote virrey de esas tierras, descubridor de lejanos rincones, conquistador y colonizador de cuanto alcanza tu vista, por mucho que tu ego te supere, en lo mas alto de tu auto complacencia, allí que te aparece un españolito en calzón corto, para estropearte la fiesta.

Es fácil reconocernos a los españoles. Básicamente y salvo raros casos regionales (gallegos por ejemplo) nuestro tono de voz suele ser mas elevado que el resto. Nuestra vestimenta vacacional, mezcla del Zara y del Decathlon es toda una seña de identidad. Pero si estas pistas no son suficientes, la prueba infalible que te indicará la nacionalidad: si el lugar donde nos encontremos tiene una superficie equivalente a la un campo de fútbol y nuestra posición es la del portero, lo mas lejos que se nos coloca es en el punto de penalti. Y enfilado para chutar.

No es que moleste particularmente estar cerca de un compatriota en tierras lejanas, por dios no se me mal interprete, al fin y al cabo y dentro de un amplio espectro de países, somos los que mas apego tenemos a la esponja y el jabón, pero dado nuestro carácter latino es imposible guardar silencio y ¡tate!, una vez descubiertos y por cortesía no podemos evitar iniciar la conversación. Que si cuanto tiempo llevas allí, que si vaya que casualidad, yo también vivo en Madrid, anda y tengo un primo de Murcia, por cierto no conocerás un restaurante que tiene un sombrero mejicano en la entrada, vaya vaya pues te dejo el e-mail de este primo mio que ya veras que simpático y que ilusión le va a hacer. La verdad es que viajar es lo mejor que hay pero que ganas tengo de comerme una tortilla de patatas. Porque este sitio es muy bonito, y hay de todo, pero como en España no se come en ningún lado. Pues si vais a esta playa os recomiendo un bar buenísimo que hablan español y ya vereis que bien de precio ...

Y son solamente 5 minutos los que bastan para devolverte al mundo del que saliste y que pretendías olvidar durante unos días.

De 17 autonomías, que lástima no haber pillado a uno de Vigo.

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