
Centro comercial en el més de Agosto. Dos tipos de visitantes. Tipo A: Señor de mediana edad con bermudas, zapatos de vestir sin calcetines y polo o camisa de cuadros con un cocodrilo, un caballo, o unas iniciales de marca cosidas. Tipo B: Jóvenes (o no tan jóvenes) turistas con ropa cómoda como pantalones cortos, camisetas, zapatillas de deporte, mallas deportivas, bikinis, etc...
Esto me recuerda a la visita que realizamos hace poco al museo Dalí de Figueres. Dos tipos de visitantes. Tipo 1: Persona normal. Tipo 2: Veraneante que clava la sombrilla a primera hora en la playa y con el mismo equipamiento se va a culturizarse.
Haciendo memoria, en el museo Dalí no son muy exigentes con el público. Esto está bien, no te dan un recorrido para realizar, por lo que los visitantes van andando como pollos sin cabeza. Tampoco establecen un límite a la capacidad del museo, porque valiendo cada entrada 12 Euros cualquiera deja gente en la calle. Además, no es que pidan etiqueta, porque siendo el público que reciben en verano el que es, no nos vamos a poner finos, pero al menos podían pedir que la crema bronceadora se la pusieran al salir del museo, y no al entrar, que dentro está casi todo cubierto y es poco probable quemarse la piel.
Aunque bien pensado, y desde una perspectiva global, el ambiente que se crea es casi más surrealista que el propio museo en sí. Sobre todo si añades el subconjunto de turistas rusas que entran al museo dispuestas a hacerle fotos a las tazas de váter; a las de Dalí y a las propias del museo, estupendísimas ellas, arregladas, maquilladas con tacón de 10 cms y con el bikini en toda regla, preparadas para salir y darse el chapuzón diario como está mandao.
Con todo, me parece sorprendente que si un museo está lleno y un centro comercial también en pleno agosto, ¿cómo es posible que la ocupación hotelera del levante esté al 100%? ¿De donde sale toda la gente que hay en Benidorm en verano? Desde luego es un misterio sin resolver. Ya me gustaría ver aquí a Mulder y a Scaley echando cuentas y calculando cuanta gente nueva aparece en verano que durante el invierno no sale a ningún sitio.
Aunque lo mejor, volviendo al centro comercial, es ver probarse una superchaqueta de Purificación García que queda ideal de la muerte, sobre unos culottes ciclistas con más kilometros que el baúl de la Piquer. Y la cara de irrisión de las dependientas al presenciar la escena, sobre todo teniendo en cuenta que al contrario que Henry Ford, que estaba convencido de que sus empleados debían ganar lo suficiente para poder pagar los coches que ellos mismo fabricaban, creo que las estupendas de las tiendas de moda luego compran en Inditex. Si esto no es surrealismo que baje Dalí y lo vea.
Esto me recuerda a la visita que realizamos hace poco al museo Dalí de Figueres. Dos tipos de visitantes. Tipo 1: Persona normal. Tipo 2: Veraneante que clava la sombrilla a primera hora en la playa y con el mismo equipamiento se va a culturizarse.
Haciendo memoria, en el museo Dalí no son muy exigentes con el público. Esto está bien, no te dan un recorrido para realizar, por lo que los visitantes van andando como pollos sin cabeza. Tampoco establecen un límite a la capacidad del museo, porque valiendo cada entrada 12 Euros cualquiera deja gente en la calle. Además, no es que pidan etiqueta, porque siendo el público que reciben en verano el que es, no nos vamos a poner finos, pero al menos podían pedir que la crema bronceadora se la pusieran al salir del museo, y no al entrar, que dentro está casi todo cubierto y es poco probable quemarse la piel.
Aunque bien pensado, y desde una perspectiva global, el ambiente que se crea es casi más surrealista que el propio museo en sí. Sobre todo si añades el subconjunto de turistas rusas que entran al museo dispuestas a hacerle fotos a las tazas de váter; a las de Dalí y a las propias del museo, estupendísimas ellas, arregladas, maquilladas con tacón de 10 cms y con el bikini en toda regla, preparadas para salir y darse el chapuzón diario como está mandao.
Con todo, me parece sorprendente que si un museo está lleno y un centro comercial también en pleno agosto, ¿cómo es posible que la ocupación hotelera del levante esté al 100%? ¿De donde sale toda la gente que hay en Benidorm en verano? Desde luego es un misterio sin resolver. Ya me gustaría ver aquí a Mulder y a Scaley echando cuentas y calculando cuanta gente nueva aparece en verano que durante el invierno no sale a ningún sitio.
Aunque lo mejor, volviendo al centro comercial, es ver probarse una superchaqueta de Purificación García que queda ideal de la muerte, sobre unos culottes ciclistas con más kilometros que el baúl de la Piquer. Y la cara de irrisión de las dependientas al presenciar la escena, sobre todo teniendo en cuenta que al contrario que Henry Ford, que estaba convencido de que sus empleados debían ganar lo suficiente para poder pagar los coches que ellos mismo fabricaban, creo que las estupendas de las tiendas de moda luego compran en Inditex. Si esto no es surrealismo que baje Dalí y lo vea.
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