Aparca el coche frente a la puerta sin reparar en el vado. Baja con sus deslumbrante gafas y su estilizado tacón. El contonear de sus caderas, anuncio de grandes promesas, se acentúa al apoyarse sobre la acera. Con rapidez y decisión se acerca hacia la puerta y con un ademán casi imperceptible pide ayuda al dependiente, que la observa con atención. Sólo unos pasos me separan de ellos.Al acercarse percibo su aroma, y como un felino, presto para saltar levanto la mirada, en busqueda de tan intensa percepción. Recoge con elegancia la cesta y la deposita con soltura sobre el mostrador. Su voz profunda y directa se clava en lo mas profundo de mis sentidos. Los labios del dependiente tiemblan y bajo mis propios pies, la realidad se abalanza y nos devora a los tres, dejando tan solo los restos del naufragio.
"No lo tengo suelto", le estampa al colombiano que regenta la verduleria, mientras se quita las gafas modelo telefunken y pisotea sin miramientos un albaricoque mustio con sus esparteñas de fiesta. "Me le pones todo en 2 bolsas". La cara del chaval es un poema. Trás poner los calabacines y las coles en bolsas separadas le entrega el cambio mientras ella intenta contestar con su supermóvil 3G. "¿DIGA? ¿DIGA? NO TE OIGO. ESPERA QUE SALGO A LA CALLE. Mientras agarra las bolsas sale disparada hacia la puerta en dirección a su Opel Corsa 1995 destartalado con los asientos de escaich cubiertos con camisetas de Zeltia agraria.
Mientras oigo el ruido del motor que se aleja, una vocecita me recuerda el mal que ha hecho Victoria Beckham a este país, pero que a pesar de todo tenía razón, el olor a ajo y el glamour son incompatibles.
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