
Esta noche, mientras nos tomabamos unos quinticos en Miraflores de la Sierra, he tenido una visión.
El bar donde estabamos es uno de esos bares que no puedes evitar guardar en la memoria. No solo por su aire taurino y flamenco; ni siquiera por el percal que se mueve entre los toneles, sino por el aroma de otros tiempos que traen las fotos que cuelgan de sus paredes. Y es que ver al mismo nivel a Camarón, genio y mito del flamenco y la raza gitana, y a Ernesto Guevara "el ché" con güayabera y en Sierra Maestra, hace que un cosquilleo te recorra la espalda desde el cuello hasta la cola de caballo.
Aunque no escribiría esto, de no ser porque al ir a abonar nuestras consumiciones, tras la barra y por un momento, a la voz de "dos botijos, son 2 Euros con 40 majo", el dueño del bar ha logrado con sus pelos largos de gitano y su barba de revolucionario que, por unos segundos, la distancia entre el Ché, Camarón y él mismo se redujera a apenas unos metros y, que mi subsconsciente pintara a los tres en el mismo rincón donde nos encontrabamos, por unos momentos, tomando unos botellines de Mahou.
El bar donde estabamos es uno de esos bares que no puedes evitar guardar en la memoria. No solo por su aire taurino y flamenco; ni siquiera por el percal que se mueve entre los toneles, sino por el aroma de otros tiempos que traen las fotos que cuelgan de sus paredes. Y es que ver al mismo nivel a Camarón, genio y mito del flamenco y la raza gitana, y a Ernesto Guevara "el ché" con güayabera y en Sierra Maestra, hace que un cosquilleo te recorra la espalda desde el cuello hasta la cola de caballo.
Aunque no escribiría esto, de no ser porque al ir a abonar nuestras consumiciones, tras la barra y por un momento, a la voz de "dos botijos, son 2 Euros con 40 majo", el dueño del bar ha logrado con sus pelos largos de gitano y su barba de revolucionario que, por unos segundos, la distancia entre el Ché, Camarón y él mismo se redujera a apenas unos metros y, que mi subsconsciente pintara a los tres en el mismo rincón donde nos encontrabamos, por unos momentos, tomando unos botellines de Mahou.
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